De todos es sabido que la invasión
anual de la isla de Ibiza, durante el verano, por masas de
jovenzuelos ingleses, ha provocado una transformación
radical en la idiosincrasia de una de las últimas perlas
del Mediterráneo. Estos centenares de miles de hooligans,
que van a la isla atraídos por la posibilidad de pasarse
unos días tostándose al sol (poco), borrachos
y empastillados (mucho) y creyendo que joderán como
bestias peludas después de pasarse la noche saltando
al ritmo del peor trance de toda la historia, en las fiestas
organizadas por los promotores ingleses (las mismas fiestas
a las que no les dejan entrar en Gran Bretaña, porque
son considerados como chusma), han conseguido trastocar por
completo el frágil equilibrio que mantenía flotando
a la isla desde hace más de cuarenta años.
Pero la culpa, obviamente, no es de los hooligans, en absoluto.
Ellos sólo son la carne de cañón lista
para ser explotada. La culpa es del "Pacto de la Codicia",
un pacto no escrito entre el caciquismo local (con Matutes
el Corsario y su hija a la cabeza, controlando el sector de
la hostelería, la construcción y las discotecas),
los tour-operators sin escrúpulos y los promotores
de los principales clubs y discotecas de Gran Bretaña
(Creams, Home, Manumission, Ministry, Stravaganza, etc.),
que han logrado que, por cinco mil duros (aparentemente),
un chaval de estos se escape de la alcantarilla donde le ha
tocado vivir en Stradford, por ejemplo, y se pueda creer,
por unos días, el rey del mambo. Todo un sueño
hecho realidad gracias, también, a la complicidad (económica,
claro) de muchos dj.s ingleses que, mientras pinchan auténtica
bazofia, se forran sin pudor y aumentan su ego al de la categoría
de Dios. Mientras, a los promotores y a los dj.s de Ibiza
(los auténticos creadores de los "balearic beats")
sólo les queda que dormir la siesta. Y la pasta, como
siempre, va a parar a las manos de los de siempre.
Pero "todo lo bueno se termina" y la burbuja del
sueño creado llegará un momento que explotará.
Los flipados que caen por el balcón de su hotel; los
tarambanas atropellados en masa en la carretera de Ibiza a
Sant Antoni (bautizada por "The Sun" como "la
ruta del infierno") porque el beneficio rápido
no permite iluminar convenientemente los accesos a las discotecas;
la explotación abusiva de los ya de por sí cortos
recursos naturales de la isla y, en definitiva, la masificación
extrema producida por el "pacto de la codicia",
han transformado la isla en un Benidorm cualquiera, que va
en camino de ser un desierto lleno de detritos y de inmundicias.
Muy poco parece que ha podido hacer, de momento, la reserva
india del Pacte de Progrés, el Govern Balear y el Consell
Insular para controlar este desastre: pasar superficialmente
la escoba y poco más. Pilar "Pluma Frágil"
Costa lo intenta, pero, como en todas las películas
de cow-boys, los indios lo tienen negro, especialmente si
el "hombre del rifle" es el mismísimo Matutes
el Corsario.
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