Como recordarán los más veteranos,
a finales de los años 80 y principios de los 90, en
el País Valenciano se produjo un fenómeno orgiástico
y descarado (aunque tambien muy comercial) que después,
los medios de comunicación (comandados por el sr.
Vera, jefe de la pasma española y actualmente
en la cárcel, me parece) bautizarían como "La
Ruta del Bakalao".
Simplement se trataba de un movimiento espontáneo
y super-hedonista que giraba alrededor de la populista música
bakalao (una variedad electrónica de una aceleración
bestial, repetitiva y muy comercial, comparable a ese trance,
mákina o progressive que ahora está tan de moda
y que incluso pinchan pinchos como el Paul Oakenfold
o el Paul Van Dick, especialmente cuando
van a Ibiza).
Se unió a ello la socialización del éxtasis
como primera droga de diseño que llegaba a la zona
(superponiéndose a un consumo masivo de alcohol) y,
naturalmente, a las ganas de fiesta del personal.
La fiesta, además, tenía una característica
muy particular, su itinerancia, debida a que cada antro se
encontraba en su máximo apogeo en un momento determinado
de la noche (o del día) y la basca se desplazaba sin
parar de un sitio a otro, desde el jueves por la noche a bien
entrado el lunes.
Estos desplazamientos, obviamente, y si atendemos a cómo
iba de colocada la peña, significaron que, efectivamente,
se produjera más de un accidente mortal, sobre todo
en la carretera del Saler, que une Valencia con Cullera, y
donde se encontraba la "crème" de las discotecas:
Spook, Chocolate, Barraca, Puzzle,... aunque
no eran las únicas, ni muchísimo menos (los
lunes, la "ruta" iba ya hacia Riba-roja de Túria).
Todo esto, el "rodillo socialista" no lo podía
permitir, simplemente porque escapaba a su control. Y, de
la misma forma que se inventaron el GAL, el sr. Vera se sacó
de la manga lo de la "Ruta del Bakalao" y la maldijo
a través de todos los medios a su alcance, desde TVE
a El País, Las Provincias, ABC y tutti quanti.
El primer resultado fue que creció la popularidad
de la "ruta" (especialmente entre los descerebrados)
y que la hizo más masiva aún, con el consiguiente
aumento de los problemas. Se consiguió que miles de
jóvenes (muchos procedentes de Madrid) se sumaran al
cotarro, viajando a Valencia y cascándola el lunes,
cuando regresaban, totalmente pasados, hacia Vallecas o Puerta
de Hierro (que en esto no hubo diferencias). Y aparecieron
los skins, más tarados que nunca. Según apreciciones
directas de Gypsiman DJ, un auténtico
experto en el tema, un sábado de madrugada podía
haber más de 50.000 personas de fiesta
en fiesta, arriba y abajo, de discoteca en discoteca. Y Ximo
Bayo gritando desde su cabina: "¡¡¡Exta-sí-exta-no-exta-sí-exta-no...!!!".
La criminalización, pues, ya estaba hecha y la campaña
en contra fue durísima. La Guardia Civil
fue la encargada de terminar con la fiesta.
Así pues, una demostración pura y dura de "poder",
y de "control del personal" por parte del Gobierno,
sobre una historia que, en realidad, no representaba ningún
peligro "ideológico", ni nada, para nadie.
De hecho, la gente no podía estar más alienada.
Porque, ya me perdonaréis, pero pienso que, de toda
aquella historia, lo único bueno que hubo fue, precisamente,
las ganas de fiesta que tenía el personal. Pero, claro,
¿cuándo ha permitido un "poder", cualquier
"poder", que la gente se divierta libremente, sino
cuando es él mismo quien controla la "fiesta"?
(abril 2001)
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