Ya lo dijo el P. D. Teodoro de
Almeyda, de la Congregación del Oratorio de
San Felipe Neri y de la Academia de las Ciencias de Lisboa
en su Recreación filosófica o diálogo
sobre la Filosofía Natural para instrucción
de Personas Curiosas que no han frequentado las aulas, (obra
escrita en portugués), según me consta
en su tercera edición española, tomo séptimo,
publicada en Madrid en 1803: "Antes que se busque la
verdad de qualquier proposición, es menester enterarse
bien de ella".
Pues bien, nos hemos enterado bien enterados y la verdad
es que la gente ya no quiere más djs feos ni peludos:
lo que quiere de verdad es que sean guapos.
Porque, como bien remacha el Marqués de Racciolo
en su Última despedida de la Marsicala a sus hijos
(traducción al castellano por D. Francisco
Mariano Nipho, sexta impresión, Madrid 1787),
"el mundo es insaciable: quanto más se le dá
más quiere".
Y así es en verdad. No basta con que los djs sepan
pinchar como dioses, que te cuadren las mezclas como ángeles
o que te lleven al paraíso con sus scratchs y sus spin-backs:
los djs, además, han de estar macizos, ser guapos y
resultar molones.
En el fondo, no dejan de tener razón los que esto
reivindican. Imagínate tú a un Carl
Cox, por ejemplo, o a un Dj Hell
o un Lee Burridge o un Aphex Twin,
que son todos feos a rabiar. O un Felix da Housecat,
que se te aparece una noche por una esquina y el corazón
se te sale por la boca del susto que te da...
Y de entre los que conozco personalmente, no te quiero ni
decir, con los caretos que lucen un Hal 9000,
un Nacho Marco o un Chola...
Pero llegados a este punto y a estas exigencias, lo que molaría
más de verdad es otra cosa... la propuesta más
novedosa del mundo que ahora lanza Mondo
Freak: ¡¡queremos que
todos los djs sean tías y que estén buenorras
y que pinchen en bolas!!!
|