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El orgullo de los mayores

 

por Joan M. Oleaque (EP3, El País, 27/07/07)


“Cambiamos la música y lo hicimos en todo el puto mundo. Si me preguntas por qué, la respuesta es fácil: porque creamos algo nuevo que no se había hecho antes”. Palabra de Derrick May. Se puede decir más alto, pero no más claro de cómo lo hizo este referente del techno de toda la vida en una reciente entrevista para la web de la discoteca Florida 135.

Se refiere al techno futurista original. Aquél hecho por afroamericanos radicales de Detroit. Tienen nombre y apellido: los djs y productores Derrick May, Kevin Saunderson y Juan Atkins inventaron un sonido relacionado con la ciudad: duro y triste, abstracto y melódico, mecánico y atronador. Una música que, derivada de la utilización de tecnología primitiva en su ejecución, se llamó techno. Ellos, y otros grandes djs de la zona como Jeff Mills, dotaron a ese sonido de una ideología radical, de un escapismo relacionado con la ciencia-ficción y de un concepto del baile subterráneo. No en vano, el colectivo esencial del Detroit techno fue llamado Underground Resistance.

El principio estuvo en los ochenta, pero en los años noventa fue cuando este sonido se impuso en los clubes y festivales europeos, influyendo a pinchas y productores de este lado del charco como Laurent Garnier. Luego llegaron otras modas, otras hibridaciones, otros djs comerciales muy alejados del techno. Aunque el minimal techno de hoy, pese a su gran diferencia con el original de Detroit, ha hecho que los creadores de música electrónica y los que la consumen, quizá por agotamiento de lo actual, vuelvan sus ojos hacia el principio de todo, revalorizando popularmente a los pioneros cuarentones –y más- que siguen en activo: Juan Atkins y Derrick May fueron a Monegros; Jeff Mills pincha con mucho éxito en Ibiza –cosa rara hace años- y su caché sobrepasa los 30.000 euros. Carl Craig, otro de los grandes, con caché de 6.000 euros, tiene abundantes fechas en festivales, y lo mismo el británico Dave Clarke, veterana respuesta europea a todo esto a 9.000 euros la sesión. A su vez, la dj holandesa Miss Djax rinde homenaje al ritmo seco de los principios. Y hasta François K, veteranísimo de Nueva York influido por el techno espacial, ha pinchado en la Copa del América. A su lado, también lo hizo Mills, el dj más famoso de todos los clásicos, quien vía e-mail dice: “No creo que debamos hablar de una vuelta al sonido Detroit. Sin embargo, sí es cierto que cuando cualquier tipo de arte llega a un punto determinado, es bueno acudir a las raíces para reforzarlo y verificar su validez. Es como cuando visitas la escuela y quieres sentarte en tu viejo pupitre porque te ayuda a hacer balance”. Este chequeo de la realidad descubre que hoy en día “llega a ser difícil determinar qué es o no música underground”.

No obstante, los promotores opinan que invocar Detroit sí es una manera de enlazar una sesión de club con un concepto alternativo que el techno ha ido perdiendo. “Los djs de minimal pinchan ahora melodías abstractas estilo Detroit”, dice Javier Pérez, de la promotora Nightplanning, que tiene previsto traer en agosto a Carl Craig al Palmeres Festival de Valencia. “Los jóvenes investigan en internet, descubren quiénes son los padres fundadores de este techno, y verles en directo se convierte ahora para ellos en un pedazo de historia viva”. Los más inquietos hasta tienen como referencia al club berlinés Tresor, que ha reabierto puertas hace poco. Ángel Molina, uno de los djs más respetados de España, ha pinchado allí, y en su último y brillante disco de mezclas Wax sessions III conecta el techno de hoy con el espíritu de los viejos maestros. “Hemos de hablar de una convivencia entre los estilos electrónicos, y sin duda el futuro traerá un mestizaje cada vez mayor entre ellos. No obstante”, añade, “frente a la hegemonía reciente del electro, donde se daba tanta importancia a la imagen, el regreso al techno puro focaliza el interés del dj y de las fiestas en la calidad musical, no en la actitud”. Un alejamiento del barniz glamour y del concepto rock star que no vendrá mal a la industria nocturna de la electrónica.

por Joan M. Oleaque
(EP3, El País, 27/07/07)

 
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