Darkforce aka Óscar
Barila es un productor y dj valenciano bien conocido
por sus sesiones con el colectivo Dynamc Djs
y por sus contundentes sets en clubs como el Plastic
Bits o en las numerosas raves que montan por toda
la geografía valenciana. En esta ocasión, sin
embargo, Darkforce deja por un momento los platos para cogerse
el bolígrafo y transformase en nuestro enviado especial
a la Groove
Parade 2003, el festival electrónico del desierto
de los Monegros. Este es el resultado de su viaje:
2003: Una odisea en el desierto
El autobús salió a las 4 de la tarde desde el
Nuevo Ayuntamiento de Valencia con un más que previsible
retraso de una hora. Nos esperaba un largo viaje a bordo de
aquella chimenea rodante, así que cada uno lo amenizó
a su manera: unos con el discman, otros encauzando futuros
ligues y la totalidad del bus alegrándose los pulmones
a base de cigarritos de la risa. Yo aproveché para
charlar con mis colegas Jaume, Rosario y
Marc sobre la próxima rave del colectivo
y nuestras producciones musicales conjuntas.
Por una extraña motivación masoca, el entrañable
conductor pretendió entretenernos la ruta sintonizando
Flaix FM, donde se emitía una sesión
de dj Nano o dj Neil ¡vete tú a saber!. Esta
masacre sonora apenas duró unos cinco minutos, ya que
unos compañeros del bus pusieron una cinta de hardtechno.
Creo que la escuchamos unas doce o trece veces, pues no había
otra. La cinta bien podría ser de Carl Cox o de mi
vecino el del quinto ¡ni idea! El caso es que estaba
chula.
Una cinco horas más tarde ya estábamos en Fraga
(Huesca). Calculo que nos hicieron unos tres o cuatro controles
desde Fraga al Festival. El conductor tenía
la puñetera costumbre de parar a charlar con todo guardia
civil que veía. Esto, por supuesto, irritaba
a todo el personal de la expedición. Sin embargo, todos
nos emocionamos como un niño el 5 de enero cuando el
conductor convenció a un guardia civil para que nos
dejara avanzar por el carril supletorio y ahorrarnos la enorme
caravana que había desde Fraga al Festival. ¡Recorrimos
en treinta minutos lo que los demás hacía en
dos o tres horas!. Sí, tíos, una caravana
muy burra.
Llegamos al recinto sobre las 22.30h. Era una explanada enorme
en pleno desierto, llena de carpas muy grandes. Lo que más
me rallaba la cabeza es que había palmeritas enanas,
de esas que hay al lado de la playa. Por eso, si mirabas al
horizonte, daba la sensación de que vería el
mar. Pero no, sólo había arena y más
arena.
Todos mis compañeros de viaje entraron al recinto a
las 22.30h, excepto yo, que tuve que esperar solo,
en medio del desierto, a un colega de Madrid que
me traía la acreditación de prensa. Al pobre
le tocó el atasco en pleno apogeo y no llegó
hasta las tantas. Menos mal que me vieron unos amigos de Valencia
y me dieron de comer, de beber y de fumar en su flamante "fragoneta":
¡gracias, sois grandes!
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