En éxtasis!
La Ruta del Bakalao 10 años después |
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Una mañana de domingo,
en febrero de 2004... |
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"En
èxtasi", el libro de Joan M. Oleaque
El objetivo de este reportaje es simplemente
hacer un paseo por lo que fueron los lugares más emblemáticos
de la Ruta del Bakalao y, además, haciéndolo
un domingo por la mañana, entre las 11 y
las 14h, que era el momento de máximo apogeo, cuando, primero
centenares, y después miles, e incluso decenas de miles de
personas, se movían en coche arriba y abajo, de discoteca
en discoteca, de bar en bar, al ritmo trepidante de la música
de baile más cañera. Y lo hacemos de la mano del mejor
cicerone, Joan M. Oleaque, profundo conocedor de
ese mundo, que ahora lo acaba de plasmar en el libro En
èxtasi: altamente recomendable. |
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2004:
Una ruta de... domingueros!
Si en aquella época la carretera que une
València con Cullera por
la costa (conocida como la carretera del Saler)
era un contínuo desfilar de automovilistas desquiciados a
la búsqueda de la máxima diversión -que consistía,
precisamente, en cambiar de garito cada poco tiempo-, hoy en día
la misma carretera sigue estando igual de colapsada pero... ¡de
domingueros! que se van a comer a los abundantes restaurantes que
pueblan los aledaños de la Albufera. Me
parece que nos han obligado a aburguesarnos bastante...
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Un
mundo lleno de pájaros...
La Ruta del Bakalao fue el producto
de las ganas que la València salida de la
Transición tenía de vivir algo propio
y original, tan alejada como estaba de los grandes centros mundiales
que marcaban la pauta, fueran éstos Londres, París,
New York o incluso Madrid o Barcelona.
Se impuso así un movimiento fuertemente hedonista
y orgiástico basado en la marcha contínua
y en la evolución de la música de baile hacia ritmos
extra-rápidos e hipnotizantes (el luego llamado bakalao,
una mezcla de EBM con industrial, con rock, con house, con pitufo-scratch
y con lo que se terciara) y fuertemente influenciado todo por el
desembarco de diversas generaciones de drogas pre-diseño,
desde la mescalina (la "droga valenciana"
por excelencia) a la ketamina o el propio éxtasis
(y todo eso, un montón de tiempo antes del "verano del
amor"). |
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11.00h:
Dale al acelerador, que llegamos tarde...
Amparados en una legislación muy permisiva,
producto de la toma del poder por parte del PSOE
en las elecciones de 1982, numerosos garitos se
instalaron en las cercanías de la ciudad, en pedanías
y localidades como Pinedo, el Saler,
el Palmar, el Perelló,
el Perellonet, les Palmeretes...
La ciudad de Sueca, altamente liberal en su concepción
de la vida, lideró el rànking de antros absolutamente
alternativos, destinados más a la gente de los pueblos del
alrededor que a los vecinos de València (el idioma de la
Ruta siempre fué el valenciano, no el castellano). Pero,
al final, todos se juntaban en la pista de baile, de madrugada o
bien entrada la mañana, listos para ser transportados por
los djs a un mundo en el que el futuro no existía,
un mundo que era como el planeta Marte, en el que tú eras
estupendo y la gozabas sin preocuparte de absolutamente nada, aunque
las peligrosas rotondas que encontrabas en la carretera,
mientras conducías completamente drogado,
te pudieran costar la vida...
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Ciclistas
y otra gente que molestaba
Naturalmente, tanta diversión
no podía durar. Los -relativamente pocos, porque
hoy en día son peores- accidentes de tráfico que se
sucedieron cuando la cosa se masificó (de
Madrid o Barcelona venían a miles, atraídos por tanta
alegría), y el consiguiente escándalo alimentado por
políticos y periodistas de medio pelo, llevó al PSOE
a replantearse su inocencia primigenia y a mandar al mismísimo
comisario Vera (el de los GAL)
a acabar con tanto despendoleo. Una campaña de prensa a lo
bestia y una presencia constante de la Guardia Civil
consiguieron demonizar la Ruta, que fué liquidada definitivamente
con las leyes de horarios implantadas por los del PP,
a partir de 1995, cuando Zaplanéitor se
hizo con el poder. Pero los ciclistas siguen cascándola
igual en la carretera, ergo ...no era un problema de la Ruta. |
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11.30h:
Chocolate
Henos aquí ya, en una de las principales
catedrales paganas, que fué, del Bakalao más duro
y agresivo: la discoteca Chocolate, situada muy
cerca de la Platja de les Palmeretes. En aquél tiempo, a
estas horas, centenares de bakalaeros estarían
bailando en su pàrking, pero en estos momentos no hay ni
un gato. Sólo un tal "Peris" ha dejado su huella
medio grafiteada bajo el logotipo de la casita de chocolate. Una
tristeza que se acentúa por lo gris del día y por
los restos que los makinetos de última generación
han dejado en los bancales: botellones de fanta,
vasos de plástico, sueños rotos por la luz del día,
que no perdona que no le hayas metido mano a tu novieta... Chocolate
parece un corral de cabras. La grava cruje bajo
las ruedas del coche y, justo en la puerta, hay una cruz gamada
pintarrajeada: ...ya se la hubiera podido pintar el tío ese
en la punta la fava...
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El
camping
Muchísima gente -especialmente la que
no vivía en València, sino que, en la época
de máxima expansión, llegaba de los más lejanos
lugares del planeta- tuvo la infeliz ocurrencia de alojarse en el
Càmping de les Palmeres, justo entre Chocolate
y Barraca. Más de uno, cuando se iba a dormir por fin, al
cruzar las carreteras, tuvo que estar toreando
a los coches que, implacables, se le echaban encima. Eso, el que
no se caía directamente a la acequia...
Los cliente de ahora, sin embargo, protestan, y en Chocolate han
tenido que ponerse duros para impedir que la gente le dé
al audio-tunning en su pàrking, que, si no, no pueden dormir
los del càmping....
Hasta tienen jacuzzi, hostias, qué tiempos... |
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11.45h:
Barraca
De forma parecida al primer Chocolate,
la discoteca Barraca supuso durante los años
ochenta un importante revulsivo para la sociedad valenciana o, por
lo menos, para la gente más inquieta y, así, se convirtió
en un elemento transmisor de las tendencias más undergrounds,
pasadas, eso sí, por el túrmix valenciano, altamente
festivo, que le dió su carácter original, con una
gran propensión hacia el exceso y la mascarada. Allí
se reunieron todas las tribus urbanas (desde los punks o los gangsters
hasta los mods), por una vez, en santa armonía.
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Barraca:
la historia continúa
Llegados los noventa, sin embargo, Barraca
se integraría de lleno en la Ruta, transformándose
en uno de los principales y más desbaratados afters, hasta
que, en pleno apogeo de la represión guardiacivilesca, tuvo
que cerrar durante un largo tiempo.
Por suerte, consiguió sobrevivir y la sala sigue gozando
de buena salud hoy en día, con sus magníficas sesiones
de domingo por la tarde, por las que está pasando lo más
granado de la escena techno mundial (incluído Jeff Mills,
por ejemplo, recientemente). Aunque claro, ya no es lo mismo. |
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12.00h:
Bares, qué lugares...
Chocolate y Barraca no estaban solos en les Palmeretes.
Multitud de bares y pequeñas salas vivían a su rebufo,
pinchando el mismo tipo de música y vendiendo los cubatas
a mitad de precio, por lo que la gente también los llenaba:
Villa Adelina, el Bar Redó, Xulla, El Guitarró,
el Melero... fueron algunos de éstos, de los que
hoy, para variar, ya no queda nada que los identifique (si es que
existen) con lo que llegaron a ser.
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