El festival Musica
Ex Machina de Bilbao se desarrolla
durante un mes entero y termina oficialmente el 27 de diciembre,
pero siempre hay una fecha que es la fuerte y que coincide
con el puente del 5, 6 y 7 del mismo mes. Está organizado
por colectivos inquietos de Bilbao que intentan diversificar
las actividades (música, performances, videomontajes,
etc.) entre diferentes espacios de la ciudad: Bilborock, café
Azquena, Arrebato y muchos más.
Nuestro corresponsal Al Margen nos hace la
crónica de su edición correspondiente al año
2003:
Este tipo de festivales son necesarios ya que nos sacan un
poco del tedio cotidiano y del bombardeo mediático
al que nos vemos irremediablemente sometidos. Y, además,
al no tener la proyección internacional de otros como
el Sónar, el ambiente es mucho más
familiar, en todo más accesible: en fin, que nos alegra
ver que cada vez hay más apasionados de las manifestaciones
no convencionales que organizan sus actividades en ciudades
aparentemente alejadas del circuito electrónico (como
sucede también, por ejemplo con el festival Sónikas
de Vallecas): se trata de que poco a poco vayan cuajando y
que no se desanimen por el escaso público asistente,
ya que no son actividades enfocadas a las grandes masas precisamente.
El cartel de este año era, a priori, algo más
flojo que el del año pasado y, además,
parecía que se había roto un poco el equilibrio
entre los artistas locales y los invitados de nivel nacional
o internacional, sobre todo en detrimento de estos últimos.
El plato fuerte se cocía en Bilborock, una iglesia
restaurada y convertida en sala permanente de conciertos (suponemos
que los bilbaínos coincidiran con nosotros en que es
un gran acierto).
El viernes 5 de diciembre abría fuego
Mauri, que ejerció más que
nada como dj, limitándose a mezclar bases de corte
industrial y proyectando vídeos un tanto lamentables.
Lo sentimos mucho, pero suspenso para Mauri.
Seguidamente apareció Xabier Erkizia,
solito con su mac portátil y una mini-mesa. Nada más
empezar, algunos de nosotros ya tuvimos la sensación
de que, posiblemente, estábamos asistiendo a una de
las mejores actuaciones del festival. Yo no conocía
su trabajo y, por ello, me sorprendió más aún.
Según parece, sus actividades son muy diversas, trabajando
especialmente el vídeo, aunque en su sesión
no proyectó absolutamente nada. Su planteamiento fue
de lo más arriesgado. En una jornada que se suponía
más cañera, más industrial, él
apareció solito, como si estuviera también solo
en el mundo, como si estuviera en el salón de su casa,
a lo suyo, marcando el tempo y controlándolo, sin alterarse,
con un criterio y una actitud asombrosas. Su actuación
no fue muy larga, poco más de media hora, pero dió
la campanada minimal en un juego supertranquilo y evocador
a base de capas de frecuencias graves y silencios. Muy bien.
Erkizia: te seguiremos la pista. Notable.
Luego apareció Anton Ignorant, con
la intención de subir un poco la temperatura, y la
verdad es que lo consiguió. Lo que hizo Ignorant fue
totalmente lo contrario de Erkizia: planteó movimiento
y bastante improvisación, tuvo momentos buenos pero
también algunos despistes, aunque en general animó
bastante y dejó buenas sensaciones. Bien.
Lo que se suponía el cabeza de cartel de la noche,
Massimo Sapienza, para mí fué
la mayor desilusión del festival: no me gustó
nada. Sus proyecciones eran una chabacanería y la música
podía haber servido para amenizar bodas y bautizos
en su Sicilia profunda: bakalao. Lo siento Massimo, te rogamos
que no repitas...
Al terminar, la fiesta siguió en Arrebato, que estaba
hasta arriba de público. Presentó su vídeo-performance
Inazio Escudero: "Lo paso mal, lo paso
fatal, pero me grabo en vídeo haciéndolo mal",
una especie de parodia sobre los cantautores que no dejan
de mirarse el ombligo, con un desparapajo increíble.
Escudero proyectaba su propia imágen en la pantalla
y sobre sí mismo, mientras cantaba sobre sus propias
pistas de voz desacompasadas a propósito y desparramaba
alguna nota de bajo en plan delirium tremens. O bien permanecía
simplemente callado, quieto, absorto. Después de ver
a Massimo, aquello estuvo muy bien. |