El sábado 6 la
cosa se presentaba más variada. En Bilborock estuvo
Dj Chema Alonso, de Salamanca, pinchando
entre actuaciones cosas de lo más variado y lo más
moderno.
De entrada vimos por primera vez una batería montada
sobre el escenario: era del trío Akauzazte,
que abrieron la noche. Realmente tienen más que ver
con el rock (batería, bajo, guitarra/sintes) y no sólo
por la instrumentación, sino por lo que hacen, aunque
se les nota un gran esfuerzo por ir eliminando sus influencias
rockeras. La parte más floja es la de las voces, medio
recitadas, medio desentonadas, pero bueno, allí estuvieron
y dejaron constancia de sus intenciones.
Corsal Desastre es prácticamente
un cantautor, aunque se apoya en otro tipo de recursos, hasta
el momento poco utilizados por éstos. Se dedicó
a contar-cantar historias, siguiendo las proyecciones que
iba mezclando su compañero desde un ordenador. Sólo
utilizaron una pantalla, y sobre ella se mezclaban y superponían
a tiempo real diferentes imágenes que iban progresando
con los relatos de Carlos. No era ningún invento nuevo,
per sí se notaba algo más preparado y de mejor
calidad que el resto de imágenes que habíamos
visto el día anterior.
Belaska bajaron del escenario y plantaron
su mesa en el patio, entre el público. El dúo
se marcó un concierto a lo Cage, silencio y electrónica.
Tal vez un poco pretenciosos, también fueron los más
electrónicos del festival y, después de lo que
pasó la noche anterior, su actuación fué
de agradecer, muy concentrados los dos en lo suyo.
Cerraron la noche los Etant Donnes. Había
mucha curiosidad por ver qué iban a hacer: nunca se
sabe con los hermanos Hurtado, que no habían vuelto
a España desde su accidentada actuación en el
Sónar 2000, con Genesis P-Orridge, Thee Majesty y Marc
Cunningham, cuando se les fué la luz tres veces seguidas
y se les cortó todo el rollo.
Nada más empezar dejaron claro el asunto. Con diferencia
los más profesionales del festival, siempre han manifestado
que, en sus performances, conviene dejarse llevar por lo que
pase y que luego cada uno lo interprete como quiera. Yo hice
eso y me lo pasé de miedo, aunque se me hizo corto
-muy corto- porque sólo actuaron durante un poco más
de media hora, aunque mejor media hora intensa -como fué-
que no una hora por la cara.
Los Hurtado salieron cada uno a un lado del escenario, subidos
a una especie de púlpitos, y dispuestos a dejar brotar
su magia o su alquimia. Nada de instrumentación, sólo
un soundtrack grabado y a jugar con las voces. Eso extrañó
a mucha gente, que esperaban ver otra cosa, pero los artistas
se hicieron con la situación. Las voces se iban mezclando
y alternando en su discurso, variando con diferentes efectos
y con una ejecución impecable, mientras, en una pantalla
central, se proyectaban imágenes estáticas,
minimales, abstractas, que ayudaban a crear el ambiente en
combinación con el juego de luces que atacaba desde
detrás de ellos, envolviéndolos en una especie
de aureola mística. Al cabo de un rato, Marc Hurtado
empezó a moverse en el escenario, aportando ese componente
de teatralidad que les caracteriza, para descender después
a la platea con una determinación y una energía
que asustaban. Cogió a una espectadora y se la colgó
del hombro, mientras seguía con su micro y sus voces,
totalmente absorto en lo suyo. El público empezó
a retroceder -ya conoces la sensación: nunca sabes
quién pude ser el próximo que la pringue- hasta
que Marc echó a correr y le hizo un auténtico
placaje de rugby a un espectador -o una especie de abrazo-
y los dos terminaron en el suelo, con Marc que seguía
recitando. El público cada vez estaba más acojonado
y reculaba más, y es que al artista se le notaba algo
en los ojos que asustaba. Mientras tanto, el tipo víctima
del golpe se levantó y se tiró todo un vaso
de cerveza por la cabeza, en una especie de brindis a la locura:
parece que le sentó bien el batacazo que se metió,
ya que Marc cayó encima suyo, bien mullidito.
En fin, buen rollo con Etant Donnes, a los
que teníamos muchas ganas de ver, y que fueron sin
duda lo mejor del festival.
Al día siguiente, domingo 7, se presentaba
en el café Azkena una jornada también bastante
densa, más rockera, pero yo me encontré con
una rubia tremenda y... qué le vamos a hacer... el
instinto es el instinto y me lo perdí. Ahora bien,
tampoco pienso contaros cómo me lo pasé con
la rubia.
By Al Margen
Nota: en esta edición del MEM estaba prevista la actuación
de Vagina Dentata Organ, que finalmente fue
desestimada por un problema con el mal de las vacas locas.
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