Cuando se dan este tipo de circunstancias
y la prensa las difunde, el control puede aumentar temporalmente.
Pero, si se cierra una sala en cumplimiento de la ley, el
club se traslada a otro local la semana siguiente. Cuando
la policía, al cabo del tiempo, cierra este otro local
matinal, el club vuelve a saltar. Y así, hasta el infinito.
Siempre sale más a cuenta pagar las multas o cargar
con los gastos por el cierre temporal del local, que cortar
la vida de este tipo de clubs, que acostumbran a cobrar una
entrada de 15 euros en unos locales con capacidad para más
de un millar de personas. El fenómeno de los clubs
matinales se ha reactivado enormemente desde la propagación
de la música techno, intrínsecamente unida a
este tipo de fenómeno. Y Barcelona es una de las capitales
mundiales de esta música, gracias sobre todo a la huella
generada con la celebración del festival de música
electrónica Sónar. Paralelamente, Cataluña
es un lugar pródigo en celebración de raves,
fiestas clandestinas organizadas por colectivos alternativos
que ofrecen al asistente una entrada más barata que
la de los clubs, una libertad total a la hora de relacionarse
con los estupefacientes y un aire revolucionario y rebelde
que combate la comercialización que impregna a la mayoría
de clubs. No osbtante, su mayor atractivo se basa en el carácter
prohibido. La ley no reconoce su existencia y no tienen ningún
tipo de licencia. Y el que asiste sabe que transgrede la ley,
pero sin cometer ningún delito. Se trata de una morbosidad
que ha definido el éxito de esta propuesta. Y es la
ausencia de una restricción legal lo que ha evitado
que se repita el éxito de las raves de Valencia.
Huecos legales. En la regulación
de la hostelería de ocio, el edificio de la legalidad
siempre se construye dejando huecos por donde puedan respirar
los inquilinos. En las Islas Baleares tenemos el ejemplo.
Como en todo el estado, la regulación de los horarios
es de competencia autonómica. Pero, aunque las características
absolutamente turísticas de la zona empujan a la permisividad
de horarios, no abundan las licencias que permitan a las salas
abrir de mañana. Ahora bien, exista una isla llamada
Ibiza que contiene los locales fuera de horas -Space y DC10-
más famosos del universo: de los 1.441.000 turistas
que visitaron la isla en 1998, el año en que Ibiza
se convirtió oficialmente en el destino preferido de
los jóvenes ingleses, revistas especializadas en música
de baile como "Mig Mag" o "Muzik" calculaban
que medio millón de ellos acudieron para poder bailar
en el Space. Para hacerlo, tuvieron que pagar una entrada
de 30 euros. El gran éxito del Space ha provocado que
en Mallorca aparezcan imitaciones que quieren emular su gloria
económica. La forma de conseguirlo es que los locales
tengan distintas licencias de actividad. Es decir que, si,
para abrir por la mañana, una discoteca ha de pagar
también licencia de bar, porque sólo los bares
pueden abrir por la mañana, pues la paga y punto. La
administración local acostumbra a medir qué
cantidad de dobles licencias de este tipo puede conceder y,
así, hay oferta y, en teoría, la ley no se vulnera.
Ahora bien, el tiempo indica que las cosas cambiaran. Y el
País Valenciano es una buena metáfora. Porque
todo lo que pasa en otros lugares durante la noche, ya ha
pasado aquí. En todas partes, la mayoría de
los locales matinales con los que se ha actuado con tolerancia
legal han alargado su horario hasta la noche y han permitido
el llamado "encadenamiento festivo". Es decir, que
estas salas cierran a una hora en que la ley ya permite que
otras salas de horario "normal" hayan abierto sus
puertas. La consecuencia es que esto facilita que los jóvenes
puedan mantenerse hasta 72 horas seguidas de fiesta. No es
necesario remarcar que nadie es capaz de correr tal maratón
sin ayuda de la química, con lo que los traficantes
de cocaína y éxtasis siempre forman parte de
la carrera colectiva.
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